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Sabía usted que…


LA IDEALIZACIÓN DE LA FELICIDAD EN NUESTROS HIJOS

 

 

En muchas ocasiones, en reuniones con padres y madres de familia me encuentro con frases como: “Doctora, haga lo que tenga que hacer, lo importante es que sea feliz”, “Está un poco distraído, al parecer le cuesta trabajo memorizar ciertas cosas, pero es feliz, así que eso no importa” o “Yo no espero nada más, solo que sea feliz”.

Eso es precisamente de lo que quisiera hablar. ¿Por qué nuestra sociedad tiene satanizada la tristeza, el miedo, la rabia y las demás emociones? Sin ánimo de criticar a los padres que solo desean la felicidad de sus hijos, les tengo una noticia: la mayoría de sus hijos desarrollan una gran ansiedad por ser felices, pues deben o quieren responder a las expectativas de sus padres. Y si, ser feliz, también es una carga adicional, que coarta inmediatamente el sentir libre, el sentir puro, el sentir auténtico.

Definir el concepto de felicidad es una amplia tarea; la felicidad suele comprenderse por todos de manera diferente, a ciertas personas la felicidad puede ser casarse y tener hijos, para otras puede estar en un trabajo exitoso y un buen salario y para otras, una buena cena o un buen viaje con los seres queridos. Sin embargo todos hablamos de “ser felices” como si esto fuera la meta final.

A muchos de mis pacientes niños y adolescentes, les trabajo esa creencia, que a mi juicio es de las que más daño hace, ya que siempre están tratando de encontrar algo que los haga felices, para responder a las exigencias y las expectativas de los padres, tíos, abuelos, propias y de la misma sociedad. Como ocurre en la mayoría de los casos, no todo es felicidad y por supuesto no todo nos hace felices, así que ellos pasan la mayor parte de su infancia y su adolescencia o ambas, frustrados pues no logran encontrar esa felicidad de la que tanto hablan, y la cual es tan requerida para tener una vida plena.

Supongamos que a una persona desde niño le enseñaran que lo más importante en la vida era ser feliz y su objetivo, casi obsesivo fuese ese: perseguir la felicidad a toda costa, bloqueando las demás emociones: tristeza, miedo rabia, entre otras. Un buen día, su madre, la persona más cercada a este sujeto, muere. ¿Qué pasaría entonces? ¿Se tendría que sentir feliz? Y si naturalmente llega el sentimiento de tristeza, ¿tendría herramientas para lidiar con ella? La respuesta es: no. Simplemente, esas herramientas psicológicas para lidiar con las emociones y saber reaccionar a las mismas no se aprenden si satanizamos de entrada alguna de ellas. El niño empezaría a crear mecanismos de defensa como la negación o la represión, con el fin de defenderse del dolor que siente.

Este tema es tan importante para la sana crianza de los niños, como cualquier otro; es la base de la inteligencia emocional: Reconocer y expresar, de manera asertiva nuestras emociones, TODAS. Así que la recomendación para los padres de familia es esa: rompamos de una vez por todas, esos paradigmas de una sociedad machista y permitamos a nuestros hijos, hombres y mujeres, expresar sus emociones, así sea tristeza, rabia, miedo, o cualquier otra; guiemos el proceso de sentir adecuadamente, de expresar y soltar, de procesar y superar. La emoción contenida es origen de patologías, agota, enferma y no permite el adecuado desarrollo psicológico y emocional de los niños. Padres y madres de familia: ser felices no debe ser la meta en la vida de sus hijos; la meta debe ser, ser humanos conscientes.

Por: María Fernanda Hurtado Liévano

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